LAS IDEAS MATAN ANTES DE QUE EL CUERPO MUERA 2

Para entender la magnitud de lo que aquí se pretende compartir, es necesario conocer en qué condiciones llegamos al mundo.



Si partimos de la base que todos los seres humanos, al nacer, traemos “de fábrica” un cerebro y un cuerpo, resultado de miles de años de evolución, y que de base (así en bruto) compartimos las mismas necesidades, instintos y reacciones, que nuestros ‘abuelos’ cazadores-recolectores hace 500.000 años, pues el asunto se pone interesante. 


Nuestro cerebro-cuerpo recién llegado, es como un “libro en blanco” que se va a ir “escribiendo” a medida que vayamos creciendo. El argumento y la historia que contienen estas “páginas”, estarán basados en las experiencias y los aprendizajes que tengamos, según el entorno, el contexto, la cultura y la educación en la que nos encontremos.


Es verdad que ha llovido mucho desde que salíamos a cazar y vivíamos en comunidades tribales; sin embargo, el funcionamiento básico de nuestro cerebro-cuerpo, sigue teniendo las mismas peculiaridades: instinto de supervivencia y reproducción, sentido de pertenencia, arraigo y apego a la tribu, reacción de lucha/huida ante las amenazas y la naturaleza cíclica femenina, también.


A lo largo de la vida de una mujer se producen, de manera cíclica, importantes cambios hormonales, físicos y emocionales, profundamente conectados con la Naturaleza y la Tierra, que afectan a la sexualidad, a la espiritualidad y a la creatividad femeninas. La verdad que hay detrás del poder creador de la mujer y las infinitas opciones que ofrece, son asuntos que no nos han explicado.


Lejos de empezar a poner etiquetas a unos y otras, de “verdugos” o “víctimas”, la realidad es, y a nadie se le escapa, que vivimos en un sistema y sociedad orientada desde la visión masculina, controlando todos los aspectos de la vida en común: la familia, la cultura, la economía, la política, la ecología, la educación o la sanidad. 


Un ejemplo: la medicina moderna está basada en un principio androcéntrico, en el que el hombre (varón) es tomado como medida y modelo estándar para estudiar las enfermedades, los síntomas, el diagnóstico y la curación de las mismas. Dentro de este escenario, la mujer es considerada como una derivada biológica del hombre, cuando en realidad es un modelo completamente diferente, con necesidades y ritmos distintos.


Para este sistema no tienen cabida las energías menstruales y los ciclos femeninos. Vivir bajo una cultura en la que el sistema dominante no respeta o apoya los ciclos naturales de la mitad de su población, va generando en la mente colectiva, un cúmulo de falsas creencias que al final el mismo cuerpomente femenino, no puede sostener más y estalla.


Entre las creencias más potentes que se han grabado a fuego en el cuerpomente de las mujeres, es que el cuerpo femenino, básicamente, es anormal, que hay algo fundamentalmente mal en él, que hay que corregirlo: los olores, la sangre, la grasa, la celulitis… la locura!¿?¿!

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